Pies descalzos.

O Hadashi no Gen en japonés. Así se titula la obra más prestigiosa del autor Keiji Nakazawa; un manga autobiográfico que narra las vivencias de un niño de seis años llamado Gen Nakaoka, su álter ego en el papel y superviviente de una de las masacres más espeluznantes de la historia reciente: el ataque atómico que el ejército estadounidense perpetró en la ciudad de Hiroshima el 6 de agosto de 1945,  y en el que murieron más de ciento veinte mil personas, en su mayoría civiles.

A lo largo de sus cerca de tres mil páginas se retratan con enorme dureza los horrores de la guerra y la crueldad del ser humano. Y Nakazawa no perdona. No sólo condena la vileza e insensatez de quienes lanzaron la bomba, sino también la de aquellos que, mediante políticas militaristas y en nombre de un emperador al que se veneraba como a un dios, empujaron al país del Sol Naciente al abismo; a una guerra agotadora e irracional que colapsó la economía del país y causó terribles estragos en una población cada vez más pobre que hubo de acostumbrarse a convivir con el hambre, los bombardeos y la muerte.

“Nunca olvidaré a la gente arrastrando su propia piel derretida mientras atraviesa las ruinas de Hiroshima, el caballo presa del pánico galopando a través de la ciudad, o los gusanos saliendo de la cara destrozada de una niña. Pies descalzos aborda el trauma de la bomba atómica sin concesiones.” Así describe Art Spiegelman, también historietista y ganador del Pulitzer por Maus, la crudeza con la que Nakazawa relata los devastadores efectos que la explosión nuclear tuvo sobre los miles de habitantes de la ciudad nipona. Un auténtico infierno que se prolongó durante décadas debido a la contaminación radioactiva.

Pese al incesante sufrimiento y todas las adversidades a las que tiene que enfrentarse Gen, su protagonista, éste se esfuerza por dejar testimonio de lo sucedido y transmitir una mirada humanista y optimista del futuro. Y es que Pies descalzos es mucho más que un alegato pacifista, es un recordatorio de las atrocidades que nuestra especie no debería volver a cometer.

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Miguel.

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